¿Escuelas de arquitectura?, educación para la profesión inútil

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Hace algunos años tuve el honor de ser invitado a una boda en la ciudad de Mexicali, BC. El evento se realizó una calurosa noche de junio en la ciudad que registra las temperaturas mas altas de todo el país. Llamó mi atención una señora que llegó elegantemente vestida con un abrigo de Mink. No es necesario explicar la esquizofrenia que implica usar una de estas prendas, diseñadas para la nieve rusa, en medio del verano en el desierto californiano.

Lo innecesario, desde mi punto de vista, es generalmente de mal gusto!

Comparto esta anécdota a partir de los comentarios de mi amigo ingeniero civil Gerson Huerta quien dice, y estoy de acuerdo con él aunque defiendo algunas excepciones, que: “si quieres hacerte de una casa con un gusto que no es el tuyo, con materiales desconocidas y caros, con detalles constructivos mal planeados, con la vista hacia un lugar diferente al que querías, con goteras, y además gastarte al menos dos veces lo que tenías presupuestado: contrata a un arquitecto” Difícilmente alguien podrá alegar lo contrario, por lo general los arquitectos abstraídos en sus “genialidad creativa” y profundizando sistemáticamente en su solipsismo, se han ganado esa caracterización, que pone de manifiesto que contratar a un arquitecto es normalmente una mala decisión de vida, principalmente económica.  Desde esa óptica, los arquitectos son comparables a un abrigo de Mink en el desierto veraniego de California.

Miles de diseños para edificios “faceteados” “curvilíneos”, “recortados”. “substraidos”, “extruidos” y cientos de combinaciones entre estos procesos al alcance de una computadora, han creado una condición en donde los arquitectos confunden su utilidad y función técnica, sobre todo en un país de pobres, con una creatividad fantasiosa y una racionalidad abstraída.

¿Son necesarios los arquitectos en México? La pregunta puede parecer ociosa, pero si la contextualizamos a su función social, a su estatuto jurídico, a la calidad de los proyectos y sus diseños en relación con la durabilidad de los edificios, a la economía en el proceso constructivo y a los criterios de mantenimiento de bajo costo a largo plazo, nos daremos cuenta, que no sólo no son necesarios, sino que en muchos casos, el arquitecto es el principal problema de lo construido. Vayamos por partes:

1.  ¿Cuál es la función social del arquitecto? Si nos atenemos a que vivimos en un país en donde la gran mayoría de la población económicamente activa no está bancarizada, podemos dilucidar que el crecimiento urbano mas grande depende de los asentamientos irregulares, en donde simple y sencillamente el arquitecto no sirve para nada. Si bien existen talleres participativos dirigidos por arquitectos en diversas comunidades del país, y existen algunos programas de arquitectos de barrio, son tan pocos, que en realidad se vuelven una rareza. El segundo tipo de producción urbana en el país, por sus dimensiones, depende de los desarrolladores inmobiliarios, quienes por lo general contratan a arquitectos que diseñan a modo de la usura y solucionan principalmente las necesidades de una tabla de excel, antes de solucionar las necesidades de los futuros usuarios. 

2. ¿Cuál es la función legal de un arquitecto? Ninguna, ¿cuáles son sus deberes y obligaciones jurídicos? Ninguna. Los arquitectos no son responsables de sus proyectos jurídicamente hablando y no tienen ningún atributo legal o bien, no tienen una relación formal con ninguna institución pública. Jurídicamente no hay relación entre el Estado y el gremio.

3. ¿Cuál es la relación entre el arquitecto y la vida útil de un edificio? En la vorágine mediática, es mas importante ser publicado que el producto arquitectónico, en la premura por lo inmediato y lo simultáneo, ahora se busca que el edificio se parezca al render, no importa de que está hecho o recubierto, como consecuencia, diversos blogs y medios de arquitectura publican lo que sea y como sea, construyendo una legitimidad tan frágil como etérea. En México muchos edificios se ven viejos a los dos años de haberse construido. No existe una preocupación generalizada por el envejecimiento de los edificios, por la relación que éstos establecen con sus usuarios en el devenir del tiempo, como si acabar la obra fuera la culminación del proyecto, cuando en realidad, terminar la obra es fundamentalmente el inicio!

4. ¿Cuál es la relación de los arquitectos con los procesos constructivos? Normalmente se trata de una relación de desprecio, siempre que el arquitecto se considera a sí mismo “el director de orquesta” y cualquier nimiedad estructural o de instalaciones se tienen que resolver. Alguna vez escuche a un colega decir que “la obligación del ingeniero era hacer lo que el arquitecto dice y la del cliente pagarlo”. Cuando en realidad el arquitecto debería concebir una estructura de la mano del ingeniero, desde el anteproyecto, con la finalidad de brindar soluciones económicas a un cliente. En cada calle de la ciudad de México podemos ver una buena idea arquitectónica que no tuvo la solución técnica correspondiente al diseño y por lo tanto hay miles de edificaciones que parecen el bosquejo de una buena idea, pero enmarcada por unas desproporcionadas trabes y columnas, con unos bota aguas y unos focos fuera de lugar. Aún así, he visto arquitectos orgullosos de su obra, después de que el dueño, el ingeniero, el plomero, el albañil, la suegra del dueño y el carpintero han opinado tanto que lo construido no se parece en nada al proyecto original y que el arquitecto no tuvo ni herramientas, ni planos ni argumentos técnicos para defender una idea arquitectónica!

5. En cuanto a costos de obra, los arquitectos tienen una gran flexibilidad en cuanto al concepto de “economía” y el presupuesto varía de forma sistemática cada día y sin ningún control cuando el proyecto no está concebido de manera integral y en donde el proceso de diseño se comprenda desde el conocimiento del contexto hasta la solución técnica de los acabados! Muchos arquitectos regalan el proyecto con la finalidad de obtener el contrato de construcción, cuando sucede, se ahorran el desarrollo de un proyecto ejecutivo y construyen con planos básicos y ocurrencias, evidentemente el control del presupuesto en estos casos es una virtualidad que desde el principio el mismo arquitecto sabe de la imposibilidad de cumplirlo. Otros proyectos con poco desarrollo ejecutivo, despiertan tantas dudas a la hora de la construcción y presentan tantos detalles no resueltos, que resolverlos en obra se vuelve muy caro y los clientes quedan indefensos a explicaciones barrocas e imprudentes de porque lo que iba a costar diez pesos por metro, ya va en ciento veinticinco. Los errores presupuestales de los arquitectos son probablemente el motivo por el cual el gremio es mejor conocido.

6. El costo de mantenimiento es un aspecto que a muchos arquitectos no les importa, muchos proyectos responden primero a como se va a ver el edificio, en lugar de responder a la manera en que los usuarios van a vivir dentro del inmueble, o bien se preocupan por tener una buena vista, aunque esta suponga la peor orientación posible. Por esas razones arquitectónicas, desconocidas por los no arquitectos, los futuros usuarios tienen que gastar miles de pesos mensuales en aires acondicionados, calefacción, iluminación artificial. En la selección de materiales no duraderos, también provocan que los usuarios gasten mucho en mantenimiento de acabados, cuando estos deberían ser una solución técnica y económica a largo plazo y no una respuesta al refinado e innecesario gusto de algún arquitecto.

Sorprendentemente, ante la problemática que implica contratar a arquitectos, México es el país con mas escuelas y estudiantes de arquitectura del mundo. Me pregunto ¿cuál va a ser su función dentro de la sociedad mexicana? ¿que opinan los estudiantes de arquitectura ante estas preguntas? ¿en qué esperan trabajar en el futuro? ¿qué dicen sus universidades, los directores de las facultades? ¿cuáles son los arquitectos intelectualmente influyentes en el ámbito de los estudiantes? ¿cuál es la arquitectura con la que se identifican? Creo en la necesidad de reinventar la profesión, adecuarla a nuevas realidades, la participación de los jóvenes me parece fundamental, sobre todo si tienen la capacidad de elevar la discusión a un ámbito cultural y político.

 

Texto: Arturo Ortiz Struck / @arturortiz

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